VERSITO,,,
Mi amigo, tan curtido en desengaños,
solía repetirme, inapelable,
igual que aquél que emite una sentencia:
“Que nunca te domine el corazón;
cuando eso nos sucede, la esperanza
dejamos, sin cauterio, hecha jirones,
rendida y para siempre en los zarzales
que, abstrusos, enmarañan nuestra senda”.
Mi amigo, que a menudo erraba el tiro,
lo puedo ya decir por experiencia,
no estuvo equivocado en tal aserto.
Mas qué regusto dulce en la derrota,
por nunca haber seguido su consejo,
sabiendo que, aun a ciegas y perdidas
mis vanas ilusiones y hasta el vuelo,
aún sigo conservando, en mi fracaso,
rebelde, el entusiasmo por la búsqueda.

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